sábado, 23 de enero de 2010

VIGESIMOQUINTA OBVIEDAD: Sobre el piadoso Zapatero



Según el DRAE, vergüenza ajena es la que uno siente por lo que hacen o dicen otros. Pues eso me hace sentir a mí José Luis Rodríguez Zapatero, con sus hechos, con sus declaraciones, con lo que dicen en el exterior de él y adicionalmente de España, una vergüenza ajena a la que se suma otra propia inevitable, porque es el Presidente del Gobierno de España, mi Presidente, aunque yo no le haya votado. Ayer la vergüenza se hizo mas aguda cuando veía un programa de la RAI, televisión pública italiana, que circula por la red, en el que se parodiaba una entrevista con Zapatero, encarnado por alguien que representaba a un híbrido del propio ZP y de Mr. Bean. Era una burla descarnada, pero es el corolario normal de las críticas y burlas que nuestro –mal que nos pese- Presidente está recibiendo en los últimos días y de las que citamos algunas a título de ejemplo:
-The Wall Street Journal se burla de ZP diciendo que “España ha llegado con una ingeniosa solución para el deterioro económico, hacerlo ilegal”, refiriéndose a la propuesta del Presidente de sancionar a los países que incumplan los compromisos de crecimiento incluidos en la Estrategia 2020.
-The Economist dice que “los editoriales de toda la UE se toman a risa la idea de que Zapatero vaya a asesorar a Europa sobre la recuperación económica”, dada la situación de desempleo -20%, doble de la media europea-, efectos de la burbuja inmobiliaria y rigidez del mercado laboral en España. La revista británica opina que “antes de dar consejos debería buscar algo creíble que decir”.
-Financial Times, en un editorial titulado “Una torpe España guiará Europa”, califica de extraordinariamente anodino el programa de trabajo de la presidencia española de la UE durante los seis primeros meses de 2010.
-Franfurter Algemeine Zeitung publica críticas similares y su terminante oposición a las penalizaciones que propone ZP –cuyo pago, de llevarse a efecto, encabezaría España-.
Estas críticas aparecidas a la llegada de ZP a la Presidencia de la UE, por seis meses y en turno rotatorio, se han visto precedidas por las de analistas, expertos económicos e incluso premios Nóbel de Economía, como Robert Lucas –“la caída en desgracia de la economía española es inversamente proporcional al milagro económico de los noventa que tantas expectativas generó; España ha decepcionado económicamente al mundo y el endeudamiento de España es insostenible”-, Michael Spence –considera que España tendrá que afrontar un período de crecimiento muy lento y de serias dificultades internas-, Edward Prescott –“si gastas más tienes que pagar por ello; subir los impuestos deprime la economía porque en los países con tipos mas altos la gente trabaja menos”- o Paul Krugman –“la salida de la crisis económica será extraordinariamente dura para España”-.
Pero si alguna angustia pudieran haber producido a ZP las burlas y las críticas recibidas, ha quedado borrada totalmente por la alegría de una noticia trascendental para alguien que cree tanto en los efectos de una buena venta de imagen como él –y como no, si eso le ha servido para ganar dos legislaturas-: la invitación para asistir en Washington al próximo Desayuno Nacional de Oración, que se celebra todos los primeros jueves de febrero desde los años treinta, foro de reflexión religiosa en el que se reza por la paz y la familia, patrocinado por “The Fellowship Foundation”, mas conocida por “The Family”, grupo de congresistas americanos conservadores –republicanos y demócratas, o sea, más conservadores o un poco menos conservadores- y a la que asiste el Presidente USA en ejercicio, ahora Obama, y un nutrido grupo de dos a tres mil personalidades invitadas, estadounidenses y foráneas. La filosofía inicial parece ser que fue la de unir a demócratas y republicanos para hablar y reflexionar sobre temas trascendentes alejados de la política cotidiana. Algún ministro de Franco asistió en el pasado a estos desayunos, Hernández Mancha lo hizo en 1988, recién ascendido a la presidencia de AP –y el periódico El País le homologó al franquismo por ello -, Aznar asistió un año, Tony Blair también lo ha hecho y Gustavo de Arístegui, del PP, lleva haciéndolo los últimos cinco años.
Y este año ZP ha aceptado encantado –De la Vega dice que se siente honrado de compartir una tradición tan relevante, a pesar de que en Europa las tradiciones son muy distintas- la invitación a asistir, que no está claro si ha sido cursada a instancias de Obama, o conseguida gracias a la acción bien remunerada de un miembro de algún lobby o, porqué no, por la de la productora de las películas de Mr. Bean que quizás haya obtenido permiso para grabar el Desayuno.
Y yo, aunque interiormente me temo que ZP volverá a hacerme sentir avergonzado y cabreado, no puedo dejar de sentir una morbosa y expectante curiosidad que me hace dejar volar la imaginación: Si se ponen en actitud de orar, ¿veremos a ZP, el laicista militante, con las manos juntas y los ojos elevados al cielo o mirando con unción y arrobo a su ídolo Obama? O si en algún momento de la oración es tradición arrodillarse, ¿se quedará en pié como se quedó sentado al paso de la bandera estadounidense? O si es costumbre que los invitados se hagan acompañar de sus familias, ¿llevará ZP a sus hijas? Y, si es así, ¿irán vestidas de góticas o les arreglarán para la ocasión los trajes que lucieron en su primera comunión en los tiempos en que iban a un colegio de monjas? Y como parece que tendrá la oportunidad de hablar en el transcurso de la reunión, supongo que lo hará sobre la Alianza de Civilizaciones, esa entelequia donde su más sólido –e interesado- apoyo lo tiene en el Primer Ministro turco Erdogan, ese islamista que se autorretrató cuando dijo que “la democracia es como un tranvía del que te bajas cuando llegas a tu parada”.
Afortunadamente parece que muchos socialistas están ya considerando seriamente que ZP está desprestigiado o desenmascarado, pero en cualquier caso quemado y que ya no solo no es útil al partido, sino que se está convirtiendo en un problema de credibilidad para el mismo, por lo que supongo que se producirán movimientos para sustituirles a él y a buena parte de su actual equipo. La duda es si dejarán que se estrelle en las próximas elecciones generales –Leguina parece apoyar esta vía- o si tratarán de que un congreso del PSOE nomine otro candidato a las mismas. Espero, por el bien de España, que los socialistas acierten con la mejor de las soluciones al problema Zapatero.

domingo, 10 de enero de 2010

VIGESIMOCUARTA OBVIEDAD: Sobre Gibraltar


Carlos II –impropiamente llamado El Hechizado, cuando realmente era el lamentable fruto final de la endogamia de los Austrias-, teniendo clara su incapacidad para tener descendencia, hizo dos testamentos: en el primero nombraba su sucesor al príncipe José Fernando de Baviera, complaciendo a su madre Mariana de Austria. Pero un año más tarde, en 1699, este murió. Y en 1700, Carlos II, poco antes de su propia muerte, hizo nuevo testamento a favor de Felipe de Anjou –que sería Felipe V-, nieto de Luis XIV. Pero había muchos partidarios del archiduque Carlos, hijo del Emperador Leopoldo, empezando por su tía, Mariana de Neoburgo, esposa de Carlos II. Y a favor de este se formó la “Gran Alianza de La Haya”: Inglaterra, Holanda, Dinamarca, el rey de Prusia y, posteriormente, Portugal y Saboya. Todos ellos –encabezados por Inglaterra, siempre deseosa de debilitar a España- contra la coalición franco-española comandada por Luis XIV. Resultado: una guerra cuyo final fue la pérdida para España de territorios en Flandes e Italia entregados al Imperio y la de Gibraltar y Menorca a favor de Inglaterra -Tratados de Utrecht y Rastadt-. España recuperó posteriormente Menorca, pero, aunque lo intentó militarmente en varias ocasiones durante el siglo XVIII –la última con un asedio que duró de 1779 a 1883-, nunca pudo recuperar Gibraltar que Inglaterra ambicionaba especialmente por motivos estratégicos tanto militares como económicos –era muy interesante para la industria textil británica-.
Así pues, desde que en 1704 una flota anglo-holandesa tomó Gibraltar en nombre del Archiduque Carlos– reforzados por 350 infantes catalanes que desembarcaron en la todavía llamada Catalan Bay-, los británicos han mantenido su dominio sobre Gibraltar, sin concesiones a España y, por el contrario, aumentando su control y la superficie sobre la que este se ejerce, aprovechándose de la ingenuidad unas veces, de la debilidad otras y de la estupidez o excesiva prudencia –por no decir cobardía- en muchas ocasiones de España.
Y así, a finales del siglo XVIII se estableció una zona neutral en el istmo que une Gibraltar con la Península Ibérica –zona que en el tratado de Utrecht quedó claramente fuera del dominio británico- que de inmediato los hijos de la Gran Bretaña interpretaron dividida en mitad británica y mitad española, ocupando pronto la primera, al principio con la excusa de establecer un lazareto para sobrellevar las consecuencias de una epidemia y luego simplemente permaneciendo allí.
Y en esa zona, complementada con terrenos ganados al mar en aguas españolas, el Reino Unido construyó un aeropuerto durante la segunda guerra mundial que inauguró oficialmente en 1949. En 1987 el acuerdo sobre el uso civil y conjunto del aeropuerto fracasó porque lo rechazaron los gibraltareños, lo que no ha impedido que en 2006 se les haya permitido establecer vuelos con España, algo de gran valor para Gibraltar desde los puntos de vista turístico y comercial.
Y Gibraltar es el último vestigio colonial en Europa, pues es realmente una colonia aunque los británicos le pasaran del estatus así reconocido en 1830 al de Territorio Británico de Ultramar en 1969, tras la Constitución que a sí mismos se dieron los gibraltareños. Y como colonia la han considerado y, para evidenciarlo, en 1954, coincidiendo con el 250 aniversario de la ocupación del Peñón, la visitó la reina Isabel, y en 1981 el príncipe Carlos inició su viaje de luna de miel con la princesa Diana visitando la colonia y en 2004 la princesa Ana viajó a Gibraltar con motivo del tricentenario de la ocupación. Y en 2000 se llevaron el submarino nuclear Tireless al puerto del Peñón para su reparación, porque entre el riesgo de contaminar aguas españolas o británicas la elección les resultó simple.
Desestimada la idea de recuperar el Peñón por las armas, España llevó el asunto a Naciones Unidas en los años sesenta y Gibraltar está actualmente en la lista de los dieciséis territorios no autónomos bajo la supervisión del Comité de Descolonización de Naciones Unidas, de quien hubo varias resoluciones instando a los dos países a negociar una solución, incluso una de la Asamblea General de 1966 deplorando el retraso en el proceso descolonizador. Pero Reino Unido ha imposibilitado cualquier avance aduciendo la voluntad negativa de los gibraltareños –que, por otra parte, no son descendientes de los habitantes del Peñón en el momento de la ocupación, puesto que estos fueron expulsados y sustituidos por británicos y gentes de otras procedencias-.
En 1969, tras aprobar Gran Bretaña la Constitución que se dieron los gibraltareños en 1968, que expresaba su rechazo a la posibilidad de unión o pertenencia a España, esta decidió el cierre de la Verja, lo que creó serias dificultades a los gibraltareños que tuvieron que ser sostenidos económicamente durante años por los británicos. Pero estos, que siempre han sabido utilizar como nadie la política del palo y la zanahoria, consiguieron que se abriera la Verja en 1984, con vagas y falsas promesas de futuro y la amenaza de vetar la entrada de España en la Unión Europea.
Y desde entonces, con la única excepción de un acuerdo preliminar entre España y Reino Unido –Aznar y Blair- alcanzado en 2001 que contenía una propuesta de cosoberanía y que no llegó al nivel de acuerdo formal por el rechazo de los “llanitos” –gibraltareños-, Gibraltar se ha hecho económicamente autónomo, gracias al turismo, al tráfico de mercancías y, fundamentalmente, a su condición de paraíso fiscal que sirve de refugio a, entre otros, el narcotráfico internacional y que alberga alrededor de 80.000 empresas en un lugar cuya población no alcanza los 30.000 habitantes.
Y como los gibraltareños se consideran fuertes, se sienten respaldados y ven la debilidad de España como nación, están empeñados en una política de expansión que les lleva a realizar en aguas españolas una ampliación del puerto en el “East Side”, -para lo cual llevan tiempo formando con chatarra, materiales de derribo y tierras, irónicamente procedentes de España, una enorme plataforma con una superficie proyectada de 15 hectáreas que albergarán viviendas, hoteles, comercios de lujo y un nuevo puerto deportivo- y a reclamar como suyas las aguas que les rodean hasta las tres millas. Y para consolidar su reclamación –infundada, porque el Tratado de Utrecht reconoció a los británicos el dominio sobre la ciudad y el castillo de Gibraltar, así como su puerto y fortalezas que le pertenecen, pero no mas aguas territoriales que las albergadas en el propio puerto-, patrulleras de la Royal Navy y de la policía gibraltareña llevan tiempo interceptando embarcaciones de la Guardia Civil que patrullan las cercanías del Peñón en sus labores de vigilancia de una zona en la que prolifera el contrabando, y les conminan a abandonar la zona amenazando a los nuestros incluso con ametralladoras pesadas que les apuntan. Y nuestra gente abandona porque esas son sus órdenes.
Y a pesar de que todo ello llevaba tiempo produciéndose, en julio nuestro “responsable” de Asuntos Exteriores, Moratinos, se ha convertido en el primer miembro de un Gobierno español que ha cruzado la Verja y se ha sentado para dialogar en plano de igualdad con su homólogo británico y con el primer ministro de Gibraltar.
Inútil visita para España, pero de la que seguramente sacarán réditos los británicos y los llanitos y que no ha impedido que estos continúen con su trabajo de robarle terrenos al mar en aguas españolas y con sus amenazas a los tripulantes de nuestras patrulleras, con burlas que han llegado tan lejos como hacer prácticas de tiro tomando como blanco una bandera española sostenida por una boya.
Es cierto que, como alguien dijo, Gibraltar no vale una guerra. Pero es obvio que ceder, arrugarse, mostrarse débiles, solo ha servido para que los hijos de la Gran Bretaña y los llanitos –multietnia que en buena parte domina mejor el andaluz que el inglés- se sientan más fuertes para burlarse de las pretensiones españolas de soberanía de la colonia. ¿Es que no hay ninguna forma de plantarles cara? ¿Es que nadie con poder se siente humillado y herido en su orgullo por esa permanente espina que cada vez se hace más grande y se clava más? A mí me duele y me cabrea.