lunes, 11 de mayo de 2009

SEXTA OBVIEDAD: Sobre la economía

¡Es la economía, imbécil! Con esta tajante frase acabó Clinton con el debate que mantenía con Bush padre por las elecciones a la Presidencia de los EEUU. Y ciertamente debía ser la economía lo que los norteamericanos consideraban más importante, al menos en aquellos días, porque a partir de entonces todo el mundo estuvo convencido de que Clinton ganaría.
También ahora es la economía, su mala situación, el mal que aqueja a casi todos los españoles y agobia a muchos de ellos.
Sin embargo, me ha costado decidirme a escribir sobre el tema, dado que no soy economista y apenas entiendo de economía, pero dos consideraciones me han llevado a hacerlo:
-Soy un jubilado que necesita seguir percibiendo su jubilación y me preocupa que la situación económica se deteriore hasta el punto de que eso se ponga en peligro –no olvido que en 1966, cuando el Gobierno de Aznar entró en funciones, tuvieron que conseguir créditos bancarios para asegurar el pago de las pensiones-.
-El presidente Zapatero parece haber asumido el control de nuestra economía y ser quien marca las directrices de la misma. De modo que si un absoluto ignorante en el tema –como él mismo confesó y posteriormente ha evidenciado- puede tomar las riendas de la economía nacional, ¿por qué no voy yo a poder opinar al respecto?
Así pues, voy a exponer mi visión de la situación tratando de usar el más elemental sentido común:
Haciendo reduccionismo podrían establecerse similitudes entre una economía doméstica y la nacional en un par de temas básicos:
• No hay sueldo, por alto que sea, que resista una mala administración casera, como no hay economía nacional que resista una mala administración general. En muchos países lo tienen muy claro, especialmente en EEUU, donde para hacerlo evidente a su Gobierno no lo denominan como tal, sino que le llaman Administración –Administración Obama, Administración Bush, Administración Clinton, etc.-, para que el Presidente, Jefe de la Administración, no olvide que eso es lo primero que le van a exigir que haga bien.
• Si los gastos de una economía familiar superan a los ingresos, se produce un déficit que hay que compensar con créditos. Si no se recortan los gastos o se aumentan los ingresos rápidamente, el déficit se multiplicará hasta niveles difícilmente controlables.
Saliendo del reduccionismo y ya a escala nacional, es evidente que nuestra economía está en serias dificultades, tanto en clave externa como interna:
-Nuestra capacidad industrial está perdiendo posiciones a escala mundial. Nuestra productividad es baja, ello nos hace menos competitivos y sobre nosotros se cierne la amenaza de la deslocalización. Tomemos como ejemplo la industria automovilística, que ha sido una importante fuente de ingresos para el país. España es, o mejor era hasta hace poco, el séptimo país en el ranking mundial por el número de automóviles fabricados. Pero ni uno solo de esos automóviles es fruto de nuestra tecnología, porque incluso SEAT (Sociedad Española de Automóviles de Turismo) hace tiempo que depende de Alemania. De modo que las firmas cuyos automóviles se fabrican en España podrían decidir, dada la crisis global, llevarse la producción a sus países de origen o a otros con menores costos.
Alemania ya ha pasado por la deslocalización, pero el hecho de contar con una sólida tecnología propia le ha permitido gozar de una alta tasa de retorno de capitales al país en forma de dividendos, royalties o asistencia técnica.
-El coste de nuestra energía eléctrica es bastante elevado -además de ser altamente dependiente del exterior-. Teniendo en cuenta que el coste energético alcanza en muchas industrias un alto porcentaje del coste total, es obvio que ello significa un importante lastre para nuestra competitividad.
-Cuando yo era un chaval, en los libros en los que estudiaba se decía que España era un país eminentemente agrícola. Durante años nuestros productos fueron una buena fuente de divisas. Actualmente nuestra agricultura está seriamente amenazada por la competencia de países como Marruecos y otros más lejanos, por la escasez de ingresos de nuestros agricultores que padecen el pillaje de los intermediarios y la apatía y abandono de una Administración que no lucha por mejorar la situación ni internamente ni en la comunidad Europea. Y qué decir de la ganadería, con unos ganaderos a los que, por ejemplo, los precios de la leche apenas les llegan para cubrir costes, a pesar de que la capacidad productora de leche es menor que el consumo nacional.
-Mirando más hacia el interior, el estallido de la burbuja inmobiliaria, la caída del consumo, la bajada del turismo por la crisis global, el aumento del paro y la falta de crédito barato, fácil y urgente a las pequeñas y medianas empresas, ofrecen un panorama desolador. Lo completa negativamente el hecho de que nuestro sistema educativo no fomenta el estudio, el trabajo y el esfuerzo que darían a nuestros jóvenes la formación necesaria para tener éxito en un mundo tan competitivo como el actual.
Resumiendo, es obvio que la situación nacional es actualmente mala y que exige soluciones efectivas e inmediatas. El hecho es que en 1996 atravesamos otra dura crisis, es cierto que con diferencias, como, por ejemplo, un menor componente global. Pero era una aguda crisis de la que salimos en poco tiempo y de manera pujante. Me pregunto si las recetas que se aplicaron entonces no servirían ahora, aunque, en función de las diferencias coyunturales del enfermo, se mantuvieran solo los medicamentos básicos y se cambiaran los excipientes para hacerlos más trasegables.

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